Los dominios del emperador búho está disponible

He publicado mi segundo libro, Los dominios del emperador búho, en las plataformas digitales. Está en promoción por 2,99€ hasta el 1 de junio.

EmperadorBuhoForHome.png

Kirochka, una piloto colonial casada con sus instintos, exploraba un planeta virgen cuando descubrió un puesto de avanzada alienígena. En vez de entregar el descubrimiento a los superiores que siempre se atribuían el mérito, convenció a su mejor amiga Mara, una científica, y a un colega xenobiólogo llamado Jing, para saquear el puesto de avanzada y así progresar en sus carreras. En las profundidades del complejo descubren un artefacto extraño. Kirochka se expone antes de pensarlo, y una proyección del artefacto anida en su cerebro como una segunda consciencia que le revela los pensamientos ajenos. Además, la cercanía de otras personas provoca que unas sombras la torturen. Mara insiste en subir el artefacto para justificar la misión ilegal, pero Kirochka entiende que nadie en casa debería experimentar el odio de esas sombras.

Una adolescente fantasiosa vive en lo profundo del bosque con la pareja que cree sus padres, y que abusa de ella. Durante una de las salidas de la adolescente en busca de un refugio en el que dibujar, y así escapar de las miserias que amenazan con destrozar lo que le queda de cordura, se topa con un hombre invisible. Aunque el intruso intenta espantarla, la adolescente pretende congraciarse con la primera persona nueva que ha conocido en años. Pronto cree entender el propósito de esa intrusión en su mundo cerrado: alguien ha venido para salvarla de la oscuridad.

Alan prefería la vida de ermitaño incluso antes de que la guerra lo devolviese desfigurado. Ahora malvive montando piezas en un taller, una rutina que bloquea sus pensamientos y que le permite pasar el resto del tiempo solo. El día de su cumpleaños escapa de la emboscada que su supervisora y sus compañeros han preparado, y celebra la ocasión en el desierto, a oscuras, fumando y escuchando música. Pero cuando volvía a casa un niño deforme se cruza ante el coche. Alan lo atropella. Incapaz de atraer nuevas miradas, decide llevarse el cadáver y aguantar hasta el fin de semana como se ha acostumbrado: ignorando las verdades irreconciliables que forman su vida.

Tres novelas cortas de horror psicológico que se abisman en las profundidades de la mente.

Si te interesa puedes comprarlo mediante los siguientes enlaces:

También podría interesarte mi libro anterior, Los reinos de brea:

Sobre cómo revisar un texto de ficción

La revisión ofrece la última oportunidad de pulir un texto para que se acerque lo más posible a la perfección. Para facilitarlo he compilado durante años una serie de notas que suelo seguir cuando trabajo con una de mis narraciones.

Preparación

  • Deja que tu manuscrito descanse durante unas dos o hasta cuatro semanas. No leas ni una de sus páginas. Necesitas que tu cerebro vuelva a enfrentarlo como por primera vez.

Durante una lectura entera

  • General
    • Si alguna escena te hace querer saltártela para llegar a las “partes buenas”, considera si la narración la necesita de verdad. ¿Puedes desmantelarla y repartir sus elementos necesarios a otras escenas? Si debe quedarse, ¿cómo la mejorarías?
    • Si te apetece saltarte algún párrafo, márcalo como problemático. Suele significar que la prosa es lenta y/o contiene descripción, exposición o digresiones innecesarias.
    • ¿Qué partes molestarían a un lector falto de entusiasmo?
  • Alternativas
    • Prueba a leer las escenas en el orden opuesto, desde la última a la primera.

Tras una lectura entera

  • General
    • ¿Te enorgullecería presentar la narración al mundo tal como está? ¿Por qué no? Intenta corregir esos aspectos.
    • Repasa el tratamiento de la narración por si has dejado líneas argumentales sin resolver o si alguno de tus personajes es superfluo o insuficiente.
    • ¿Se te ocurre alguna manera de enriquecer a los personajes y de eliminar complicaciones innecesarias de la trama?
    • Haz una lista de los que te han parecido los diez mejores momentos.
    • Puntúa del 1 al 10 los siguientes elementos de la narración:
      • El concepto
      • La premisa (el objetivo del protagonista)
      • La tensión dramática (el conflicto)
      • La experiencia visceral que ofrece al lector
      • La caracterización
      • La empatía que el lector puede llegar a sentir
      • El peso y la resonancia temáticas
      • La estructura
      • El ritmo
      • La ejecución de las escenas
      • La voz del escritor
  • Personajes
    • Piensa en cuándo revelas el trasfondo de cada personaje, la explicación sobre qué eventos de su pasado influyen sus acciones en el presente. ¿Puedes revelarlo después? Cuanto más lo atrases, más querrá el lector conocerlo.

Durante cada escena

  • General
    • Intenta eliminar las frases que introduzcan al lector en la escena o lo saquen de ella.
    • Asegúrate de que ningún elemento rompa la ilusión para el lector de que está inmerso en otra vida.
    • Analiza todos los detalles que incluyes. ¿Tendrán alguna consecuencia o nos ofrecen algún conocimiento que el lector necesita para entender lo que pasa?
    • ¿Cada párrafo importa? ¿Contribuye a, complica o elabora el problema sobre el que la escena trata?
    • Busca el trasfondo de los personajes que has incluido. Si no avanza la trama, elimina las referencias.
    • ¿Has descartado todo lo que nos distraería de lo que el protagonista necesita enfrentar para solucionar su problema?
  • Prosa
    • Justifica la presencia de cada adverbio y adjetivo. Intenta eliminarlos con verbos fuertes y sustantivos sólidos.
    • Caza los clichés y elimínalos o reemplázalos.
    • ¿Es cada palabra la apropiada y efectiva?
  • Exposición
    • Asegúrate de que no das al protagonista o a la audiencia alguna información que no haya exigido conocer.
  • Interés
    • Intenta identificar las partes aburridas. ¿Puedes eliminarlas? Si se quedan, asegúrate de que tengan relación con o afecten el objetivo del protagonista.

Primera frase de la narración

  • General
    • ¿Presenta la temática?
    • ¿Introduce algún personaje importante?
    • ¿Establece algún escenario?
    • ¿Qué promete al lector?
  • Prosa
    • Condénsala a su versión más corta y precisa.
    • ¿Puedes hacerla memorable, quizá por su valor poético o su cadencia?
    • ¿Presenta alguna imagen vívida?
    • ¿Da la impresión de que el escritor es competente?
    • ¿Establece de alguna manera la voz del escritor?
  • Trama
    • ¿Puede concentrar la esencia o hasta el conflicto central de la narración?
    • ¿Puede de alguna manera resumir la narración?
  • Sorpresa
    • ¿Cómo conseguirías que sorprendiese o espabilara al lector? ¿Contiene algo inusual?
    • ¿Puede ser tan absurda que enganche al lector para que siga leyendo?
  • Tensión
    • ¿Puede introducir un conflicto que interesaría a los lectores?
    • ¿Podría intrigar?
    • ¿Tiene poder dramático?
    • ¿Cómo genera una sensación de urgencia?
  • Sutileza
    • ¿Puedes escribirla de manera que sólo adquiera su sentido completo durante una segunda lectura?

Primer párrafo

  • ¿Cuánta emoción incluye?
  • ¿Puedes incluir alguna imagen que capture la narración?

Primera página

  • General
    • Júzgala por sus propios méritos.
    • ¿Puedes incluir alguna imagen que establecerá el tono del resto?
    • ¿Cómo da la impresión de que el escritor es competente?
    • Ponte en la piel de un extraño que leyera esta página por primera vez. ¿Qué sugiere sobre el resto de la narrativa?
  • Trama
    • ¿Cómo te aseguras de que la trama ya haya arrancado?
    • ¿Cómo estableces al menos una pregunta dramática, algo que intrigará a los lectores para que sigan leyendo?
    • ¿Pasa algo que afecte al protagonista y que abra un resquicio al resto de la narración?
    • ¿Cómo prepara al lector para lo que se avecina?
    • ¿Puedes incluir algún giro en la trama?
  • Tensión
    • ¿Cómo estableces algún peligro?
  • Interés
    • ¿Puede intrigar al lector para que quiera leer el resto?
    • ¿Cómo te aseguras de que no aburra?
    • ¿Cuál o cuáles de sus elementos involucrarían las emociones del lector, y cuál se trataría la emoción principal?

Primeras cinco páginas

  • Cuentas con unos quince o veinte segundos para intrigar lo suficiente a un lector para que compre tu libro. Asegúrate de estas cinco páginas impresionen al lector.
  • ¿Cómo sugieren el resto de la trama y por qué le importaría al protagonista?

Primeras diez páginas

  • General
    • Juzga lo buenas que son.
    • Juzga la calidad de la prosa. Asegúrate de que brille.
    • ¿Cómo sugieren a quién pertenece esta historia y qué se juega?
    • Considera qué aspecto del concepto vendería la narración, y asegúrate de que pase en este periodo.
  • Interés
    • Imagina que se tratan de los diez primeros minutos de una película. ¿Te habrían aburrido, haciendo que te preguntaras por qué te importaría esta gente y cuándo va a empezar la historia?
    • ¿Cómo has enganchado al lector antes de que estas diez páginas acaben?

Tras cada cinco páginas

  • ¿Por qué querría el lector seguir leyendo? ¿Estas cinco páginas lo aburrirían? ¿Cómo lo evitarías?

Primeros capítulos

  • Piensa en cómo podrías atrasar toda la exposición y el trasfondo de los personajes que contienen.

Saltos de capítulo

  • ¿Puedes introducir un conflicto nuevo para evitar que el lector cierre el libro?
  • ¿Puedes rematar el capítulo estableciendo otra pregunta dramática, o sugiriendo que responderás una anterior?
  • Piensa en lo que ha pasado durante este capítulo. ¿Todo lo que contiene contribuye a la narración?

Últimas diez páginas

  • ¿Cómo impresionarían al lector?

Progresión

  • Identifica las principales cimas emocionales de la trama. ¿Sientes un desequilibrio? ¿Has incluido demasiadas cimas al final y pocas al principio, o viceversa?
  • ¿Seguro que la tensión que el segundo acto de la narración contiene progresa?
  • ¿Has detectado algún punto argumental que dañe el ritmo de la narración? Intenta eliminarlo.

Áreas problemáticas

  • Trata cada problema como un principio de cáncer.

Estilo

  • Asegúrate de que has escrito los títulos de los libros, cuadros, etc. con cursiva.
  • Busca en el diccionario de la RAE si algunos latinismos o extranjerismos debes escribirlos con cursiva.
  • Asegúrate de que los días de la semana y los meses empiezan con minúscula.

Prosa

  • Busca las construcciones en negativo e intenta convertirlas en positivo.
  • Sustituye las construcciones como “se preguntó qué quiso decir ella” por “¿qué quiso decir ella?”.
  • Intenta sustituir las atribuciones como “dijo” por alguna acción o emoción que aclare quién hablará, pero no hace falta eliminarlas todas.
  • Busca todas las instancias de la palabra “ojos” y piensa en maneras de caracterizar a los personajes que prescindan del movimiento de los ojos.
  • Intenta sustituir todas las instancias en las que cuentas a los lectores como es un personaje (por ejemplo, diciendo que el protagonista es valiente) por una demostración. Si los lectores experimentan ese aspecto del personaje, sobra que se lo digas. Peor aún cuando lo dicho del personaje contradice sus acciones.

Sobre cómo garantizar la necesidad de cada punto argumental

Reorganizaba una sección de mi manual de narrativa, que he compuesto durante años de leer libros del tema y mediante mi naturaleza INTJ que necesita reducir todo a sistemas, cuando se me ha ocurrido que podría compartir algunas de esas secciones como artículos en el blog. Supongo que después de publicar mi tercer libro sacaré unos cuantos de narrativa.

Cuando necesito procesar cada punto argumental, para asegurarme de que encaja en la narración lo someto a la siguiente batería de preguntas.

 

Prioritario

  • ¿Por qué lo necesita la narración?
  • ¿Revela algo esencial sobre los personajes y/o el argumento que necesitamos para entender lo que pasa?
  • ¿Avanza la trama y revela a los personajes implicados a través de sus reacciones emocionales?
  • ¿Puede el protagonista negarse a involucrarse sin repercusiones significativas? En ese caso, el punto argumental carece de importancia y de urgencia.

Trama

  • General
    • Si descartases este punto argumental, ¿algún evento que ocurriera posteriormente cambiaría? En caso negativo, considera prescindir de este evento.
    • ¿Tiene suficiente relación con el problema principal con el que el protagonista ha batallado desde el principio?
  • Riesgo
    • ¿El grado de riesgo que alguno de los personajes involucrados corre justifica que la escena exista?
  • Impacto
    • ¿Cómo representa una crisis más o menos grande para algún personaje importante, forzándolo a decidir para superarla?
  • Progresión
    • ¿Contribuye a la complicación progresiva de la trama?

Dilema temático

  • ¿Cómo altera este punto argumental el balance del dilema temático? Si no lo afecta, considera descartar el evento.

Personajes

  • General
    • ¿Es necesario para que tus personajes logren su objetivo final?
  • Arco del protagonista
    • ¿Contribuye a desarrollar al protagonista, bien empujándolo hacia que cambie o como argumento para justificar que nunca cambiará?
    • ¿Se trata de un problema capaz de desafiar al protagonista de una manera significativa y quizá hasta dolorosa?
    • ¿Necesita el protagonista enfrentarse a este conflicto para superar su problema personal? En caso contrario, quizá este punto argumental sobre.

Expectaciones

  • Considera el punto argumental que produjo éste. ¿Has imaginado una consecuencia obvia? En ese caso, imagina otro.
  • ¿Cómo podrías construir una escena sorprendente para este punto argumental? Si no puedes, considera saltarlo aunque tenga mucho potencial dramático.

Impacto

  • Si el valor emocional de este punto argumental es bajo, considera descartarlo.

Sobre violar los principios narrativos

Al contrario de muchos escritores que consideran que aprender las técnicas narrativas es una pérdida de tiempo, o que sólo se aprenden escribiendo, yo me he dedicado durante años a absorber y recopilar los principios que docenas de instructores magníficos han recogido en sus libros. Las técnicas que para mí tenían sentido las añadía a un manual que sigo durante cada fase para construir una historia. Sin embargo, durante el proceso de escribir las siete historias que he publicado o estoy en proceso de publicar, que consisten en seis novelas cortas repartidas en dos libros y además una novela, he necesitado violar las recomendaciones para que esas historias funcionaran como las necesitaba. Creo que se debe a que esos siete relatos emergieron de mi subconsciente partiendo de dilemas que me preocupaban, y de la misma manera que mi mente resulta incapaz de solucionarlos, no puedo moldearlos del todo mediante los principios de la narrativa. Pero las técnicas que he aprendido me han servido para sostener los relatos a pesar de los riesgos que cada uno de ellos me había exigido tomar. Por ejemplo:

En Los reinos de brea, una colección de tres novelas cortas:

  • En la primera historia, Pintura, Siobhan, un personaje ajeno al narrador, ejerce el rol de protagonista. Siobhan se enfrenta al mundo que la rodea mientras el narrador intenta obstaculizarla. Sólo al final de la historia descubrimos todos los aspectos de la motivación del narrador, y hasta entonces compartimos en parte la confusión de la protagonista. Creo que molestará a bastantes lectores, pero considero que encaja con la historia.
  • En la segunda historia, La ciudad ahogada, el dilema temático requería que yo contrastara cómo al protagonista lo asquea la vida urbana falta de esperanza, en contraposición a la naturaleza que encuentra. La descripción podría atragantársele a alguno. Además, la protagonista femenina viola bastantes criterios sobre cómo construir un personaje. A menudo se comunica mediante non sequiturs, y en algunos momentos abandona una mudez y dejadez animal para mostrarse lúcida y consciente de la realidad. Me pareció importante generar esa contradicción en el lector para enfatizar la temática basada en la obsesión. Gran parte de la relación que el protagonista establece con esa mujer transcurre en su cabeza, mientras que se le escapa la realidad fundamental del ser en carne y hueso.
  • En la tercera historia, Sonríe, me basé en un dilema que me ha preocupado durante años: ¿es mejor dar la espalda al dolor del mundo para confiar en tus semejantes, aunque debas engañarte, o es preferible enfrentar el abismo, la fealdad de la existencia, aunque te traumatice? Algunos de los pasajes invitan al lector a mirar a otro lado. Dudo que se trate de un plan de negocio lucrativo. Además, el lector experimenta la historia a través de un protagonista que se cuece en una ira que para muchos resultará inaguantable, y algunas de sus conversaciones derivan a monólogos, dado que el protagonista ha encontrado por primera vez alguien que podría entender su situación peculiar, aunque ese alguien se trate de un psicópata. Sé que las decisiones que tomé para esta historia molestan a algunos lectores, porque varias personas han dejado de hablarme después de leerla.

En el segundo libro todavía sin publicar, Los dominios del emperador búho, una colección con otras tres novelas cortas:

  • En la primera historia, Impulsos neurales, la trama se divide en dos partes muy diferenciadas gracias a un punto de inflexión cataclísmico, mucho más fuerte que en las otras historias que he escrito. No lo anticipé mientras componía la estructura, pero salió así. La primera parte consiste en la misión que la protagonista y dos de sus colegas siguen, y en la segunda parte la protagonista sufre las consecuencias. El tono y el decorado cambian por completo. Además, los lectores vivirán a través de la paranoia extrema de la protagonista.
  • En la segunda historia, El emperador búho, experimentamos la trama a través de una protagonista cuya mente, debido a su situación doméstica, entra y sale de una psicosis que en el transcurso de la historia incluso empeora. Sus decisiones vulneran en algunos casos lo que podría esperarse de un protagonista, dado que experimenta otra realidad, pero espero que los lectores puedan empatizar con ella.
  • En la tercera historia, Basura en una cuneta, opté por un protagonista extremadamente solitario, traumatizado y que ha renunciado a la vida. Cuando al final del primer acto el protagonista comete un crimen por accidente, en vez de lanzarse a la aventura, su voluntad de pasar lo más desapercibido posible lleva a que su objetivo durante gran parte de la historia consista en intentar continuar con su vida normal. En términos narrativos se podría decir que rechaza la llamada a la aventura. El entorno en el que vive, además de los personajes que pululan por ahí, obstaculizan su propósito con unas intromisiones que dificultan más y más que el protagonista ignore lo que esconde. Además, muchos lectores rechazan a los narradores que se cuecen en su propia miseria, y muchos instructores hasta recomiendan descartar esa clase de protagonistas. Aunque yo me identifico con ellos, admito que cuánto se odia el protagonista y cómo tiende hacia autodestruirse podría abrumar a muchos lectores.

Para la novela que escribo ahora he necesitado doblar los principios narrativos de unas maneras que no había anticipado. La he dividido en cinco capítulos. Durante el segundo, ambos protagonistas trabajan en una historia delirante, una novela dentro de una novela. Podría haber dejado el contenido a la imaginación de los lectores, pero quería involucrarlos, así que reflejo las escenas comprimidas y entrelazadas con los esfuerzos de los protagonistas por evitar que ese proyecto destroce sus vidas. Sigo trabajando en el borrador de ese acto. Ya sé que contendrá al menos el doble de palabras que el resto de capítulos, o quizá el triple. Eso viola la recomendación de equilibrar el peso de los capítulos, pero no tenía sentido repartir el contenido de la subnovela por el resto de la historia. Además, el punto de inflexión de esta historia la hace resbalar dentro de otro género literario. Aunque tiene sentido, y lo preparo con mucho foreshadowing, imagino que podría molestar a bastantes lectores.

Cuando descubres que necesitas violar ciertos principios de la narrativa, más vale que lo equilibres fortaleciendo cuanto puedas el resto de los elementos de esa historia. Asegúrate de que ofrecerás a los lectores una trama guiada por unos personajes interesantes que intentan solucionar un problema complejo que se complica progresivamente.

Sobre los cursos de escritura

Yo también me planteé en su momento la cuestión de si un escritor, aspirante o no, debería acudir a algún curso de escritura. Merece la pena dependiendo del curso en el que caigas. Compartiré mis experiencias, ya que he acumulado algunas perspectivas sobre lo que se puede esperar, y me gustaría haber contado con esta información antes de empezar el primer curso.

Para empezar, cómo soy ha afectado mi experiencia durante los cursos de escritura a todos los niveles. Cuando algún entorno cae por debajo de mi límite personal de lo tolerable, lo abandono sin más. Dejé los tres primeros cursos de escritura a los que acudí. Sólo acabé el cuarto. Uno lleva a un curso de escritura ciertas expectativas, explícitas o no. Asumes que los asistentes querrán escribir más o menos tanto como tú. Si ya escribes algo para publicarlo, te diferenciará de la gran mayoría de quienes te rodearán.

He identificado varios bloques entre la gente que acude. Unos esperan que los animen a escribir. Necesitan que alguien les presente algún ejercicio. Si se les ha ocurrido algún proyecto en vistas a publicarlo en el futuro remoto, es casi imposible que lo vayan a acabar. Escribir una novela requiere una constancia, una paciencia y una automotivación incompatibles con la clase de personalidad a la que necesitan empujar para que escriba.

Otros acuden a los cursos de escritura por el estatus que creen que les otorga. Me sorprendió cómo algunos alumnos preparaban “cenas de escritores”, enfatizando que se trataban de escritores. Se organizaban para llevar elementos decorativos relacionados con el mundo de la escritura. Me parecía curioso que la gente implicada rara vez escribiera.

Otro grupo, el más destructivo que he encontrado, es el de algunas personas cercanas a la edad de jubilación o que la han rebasado. Acuden a las clases de escritura con el propósito más o menos explícito de llenar el tiempo en un buen ambiente. Pretenden hacer amigos y que no los carguen con tareas difíciles. Me daría igual si no fuera porque suelen arruinar las clases salvo que el instructor se centre en impartir un material específico. Cuántas veces interrumpían las clases o las conversaciones relativas a la escritura con comentarios de política o deportes. Sólo en muy raras ocasiones una de esas personas pretende publicar algo.

Con suerte, en alguno de los cursos te toparás con una o dos personas que siguen una rutina de escritura para publicar su proyecto, y que asisten para aprender técnicas nuevas y/o recibir críticas. Es posible que algunas de esas personas pasen desapercibidas, porque el ambiente improductivo las disuade.

Quién imparte el curso determina la perspectiva que se aplicará a la mayoría de las clases. Los motivos por los que escriben tiñen el material, por qué seleccionan ciertas muestras de escritura y cómo juzgarán el material de los alumnos. Uno de los instructores consideraba que se debía usar la escritura de ficción como herramienta para cambiar la sociedad. Los relatos que ponía de ejemplo como buenos denunciaban algún aspecto social que al instructor le disgustaba o que quisiera promover. Ese mismo instructor, de manera previsible, consideraba que la ficción que pretende apelar al subconsciente, conmover bien provocando lágrimas, rabia, alegría, etc., era un desecho propio de paletos. Su ficción preferida se rebelaba contra cualquier técnica para conmover, y consideraba un éxito acabar con un relato complicado sin motivo, opaco, hueco de emociones. Yo busco en la ficción una bomba que me reviente el statu quo emocional, que me afecte como un hachazo contra un océano helado, igual que dijo Kafka.

Otro instructor impartía un curso de escritura creativa con el énfasis en los aspectos más caóticos de la creatividad, casi a la manera en la que se impartiría para alumnos de primaria o del parvulario. El contenido del día solía basarse en los antojos y el ánimo momentáneo del instructor. Nos mandó que lo usáramos de protagonista para algunos relatos que mandaba para casa. Tenía como objetivo mantener un buen rollito. Se pretendía que la lectura de los ejercicios provocara un cachondeo o en general permitiera a todos sostener una sonrisa bobalicona. Cuando algunos de los presentes, que fuimos yo y un par más, presentábamos algo de cierta profundidad, ya porque provocaba tristeza u otra emoción incompatible con sostener esa sonrisa, llovían los comentarios y las bromas del instructor que recriminaba de una manera pasivo agresiva que nuestros tonos discreparan. Previsiblemente, ese instructor creía en The Secret, la filosofía que considera que el universo existe para alimentar el narcisismo de esas personas.

Otro instructor carecía de interés hasta por impartir el contenido deficiente que anunciaba. Todos los ejercicios consistían en completar fragmentos de sus libros, y al final intentaba manipularnos para que los compráramos. Cuando los alumnos habían leído sus ejercicios y quien hubiera traído sus fragmentos a criticar hubiese acabado, el instructor ocupaba el resto del tiempo con ejercicios inútiles de gramática. Saqué más de ese curso que de los otros dos porque podíamos traer nuestro material para criticar, aunque en lo que respectaba a mis muestras, le salió el tiro por la culata. El instructor había admitido con naturalidad que hacía décadas que no leía ficción. Su psique parecía centrada en mantener el statu quo. Mis fragmentos para criticar lo molestaron hasta el punto de que se negó a seguir corrigiéndolos, y sugirió que el baremo a seguir para determinar qué podíamos incluir en una historia debería basarse en si molestaría a una monja. Dejé el curso tras esa clase.

Al cuarto instructor lo interesaba enseñar cierto contenido, técnicas relativas a cómo componer una historia. Se trata de una persona que escribe una novela tras otra y a la que publican editoriales tradicionales. Era más permisiva con los alumnos de lo que a mí me habría gustado, pero yo sería un profesor pésimo. Ese instructor impedía que rompieran la clase quienes acudían a hacer amigos y a que no los hicieran trabajar demasiado, uno de los cuales hasta acudía achispado. Saqué mucho de valor de ese curso.

Escribir se trata de una labor solitaria, así que a lo largo de los años se te pegan como moluscos costumbres o tics negativos, o hasta erróneos. Los repites por instinto hasta que alguien te enseña que te equivocas. Mediante los cursos yo descubrí mi problema con el leísmo; se me había metido en la cabeza que para referirte a las personas sólo debías usar le, y lo la para los objetos. Ahora, con 32 años, necesito corregir esos errores de manera deliberada durante la revisión. También usaba a veces según en vez de mientras. Dado que leo más en inglés que en español, tiendo a usar menos artículos que los que un lector hispanohablante esperaría, y también debo corregirlo de manera consciente. A veces se me cuelan palabras en inglés en los borradores, o invento palabras derivadas de alguna inglesa. Por ejemplo, me encantaba usar la palabra receder, derivada de la palabra inglesa recede, aunque no existe en nuestro idioma. He tenido que corregir uno de esos casos en los relatos que subí al blog (Relatos que escribí para los talleres).

Debo aclarar que ni la vida ni los seres humanos en general me gustan demasiado. Prefiero estar solo el 99,5% del tiempo. Eso entra en conflicto con acudir a un curso de escritura, y requería un esfuerzo enorme, pero sabía que me ayudaría a escribir mejor. Las historias que germinan obligándome a que las escriba, o que las ponga en cola para escribirlas en el futuro, tienden a clasificarse de manera general en el género de terror, o de ciencia ficción o fantasía oscura. Como consecuencia de mi esquema neurológico, el positivismo que nos fuerzan a seguir o al menos pretender que lo seguimos, para colgarse una sonrisa mientras te manejas por este mundo infectado por un dolor constante, me pone enfermo. Mi presencia, aunque se limitara a no devolver una sonrisa a tiempo a alguien en clase, ya perturbaba el buen rollito de alguno de esos cursos. Cuando llegaba el turno de que yo leyera mi trabajo, a menudo caía algún comentario del tipo a ver qué dice ese ahora, u otra variación mema. Añado que hace unos siete u ocho años me diagnosticaron con el síndrome de Asperger, que ahora clasifican como autismo de alto funcionamiento. La diferencia me ha hecho consciente durante toda mi vida de que los demás esperan de mí que procese la realidad como ellos y que les lea la mente. Cuando se topan conmigo, a veces la primera persona que encuentran que no ve el mundo como ellos o que lo evidencian, algunos tardan poco en acusarme de falta de empatía. Uno de esos casos me tocó las narices lo suficiente como para dejar el curso, del que no sacaba nada de valor en un primer lugar. En ese mismo curso pasó que durante mi lectura de un ejercicio (titulado Baila y baila en Relatos que escribí para los talleres), una de las asistentes, del grupo de jubilados/casi jubilados, armó jaleo mientras yo leía para evitar escucharme, y cuando acabé, la mujer lloró y dijo que no acudía a clase para escuchar cosas negativas.

Creo que muchos de los problemas de los cursos de escritura se basan en que hay algo erróneo en compartir la escritura honesta de alguien para un público, de la misma manera que no mearías de cara a testigos. Deberías leer en privado la clase de ficción que te conmovería, que para mí es la única que merece la pena. Debe afectarte de verdad y doler en un sentido u otro, de manera que se queda contigo como una experiencia vital. Quizá por eso considero una medalla de honor que a algunos lectores mi primer libro, Los reinos de brea, los haya perturbado lo suficiente como para dejar de hablarme o hasta no querer permanecer en la misma habitación conmigo.

En resumen, asume que los cursos de escritura te decepcionarán pero que a pesar de ello pueden mejorar tu escritura. Si aspiras a publicar, prefieres evitar que tus lectores de pago encuentren errores que habrías debido subsanar durante la fase de revisión. Pretendo acudir a otros cursos de escritura, pero sé que valdrá la pena si el instructor ha preparado un buen material y quiere ceñirse a él, si permite llevar textos para que te los critiquen, y si los alumnos entienden que escribiendo ficción podemos contribuir algo importante a los registros humanos, en vez de tomarse las clases como una distracción. De lo contrario, asumo que volveré a abandonar esos cursos a la mitad.

Sobre el proceso creativo (20/03/18)

Ahora que he publicado mi primer libro y que pretendo que un montón de extraños lo compren y lean, me conviene transparentar mi proceso creativo.

En un principio escribí las seis novelas cortas que componen Los reinos de breaLos dominios del emperador búho para que formasen parte de un mismo libro, pero la longitud final lo impidió. El primer libro acabó con cerca de 73.000 palabras, y el segundo con unas 110.000. Acabé de revisar esas novelas cortas hará más de seis meses. He ocupado este periodo rematando la estructura de la primera novela que publicaré, y escribiendo el borrador. Dada la premisa peculiar y la lista de las escenas que he decidido, el resultado final superará el doble de la longitud media de una novela, así que más de 650 páginas. Dudo mucho que vaya a conseguir reducir ese número durante el proceso de revisión. Además, esta novela presenta unas peculiaridades que me han forzado a replantearme cómo estructurar la historia, aparte del orden en el que escribiré los borradores.

Para Los reinos de breaLos dominios del emperador búho escribí una escena tras otra. Acababa un borrador y lo convertía en una primera revisión. Cuando contaba con la primera revisión de todas las escenas, me dedicaba a la maratón de revisar la historia de principio a fin una y otra vez, borrando algunas frases y fortaleciendo las restantes, hasta que el conjunto me contentaba. Ambos libros requirieron unas diez revisiones. En la novela en la que trabajo ahora, dos de los personajes principales intentan escribir una novela. Empiezan revisando lo que uno de los personajes había escrito antes de encontrarse, y luego trabajan en el resto. Ese proceso abarca el segundo acto de cinco en la novela “superior”. Otros escritores podrían decidir dejar el contenido de esa subnovela a la imaginación, que el lector asumiera que la novela es buena si el escritor lo dice. Pero mis personajes escriben la novela que yo empecé a escribir hace bastantes años, un proyecto larguísimo y absurdo que abandoné por motivos prácticos, aunque seguía pensando que debía acabarlo. Lo absurdo de su planteamiento, y la tarea titánica que implicaba acabarla y conseguir que los demás la leyeran, además de los procesos psicológicos que llevaron a su concepción en un primer lugar, se me antojan ahora más interesantes. Pretendo explorar con mis personajes y sus circunstancias los abismos de la obsesión, la enfermedad mental, la alienación y la soledad. Hace años abandoné la historia sabiendo todo lo que contendría, lo que me ofrece la ventaja de usarlo en esta novela. A través de la narración del protagonista puedo abordar ese proceso y la novela de manera más objetiva, como por primera vez, y desde una versión de mí que comete diferentes errores.

Escribir historias te enfrenta a diario con lo falible que es la mente humana. Ahondar en aquella novela abandonada me ha forzado a encarar cientos de decisiones que ahora considero erróneas. Muchos fragmentos que me gustaban ahora los considero pésimos. Me asusta haber cambiado tanto desde ese 2011-2012.

La vida de los personajes principales de la novela actual y el contenido de la novela que escriben funcionan casi como tramas paralelas. Para evitar perder el juicio, durante este segundo acto de cinco, que describe el contenido de la subnovela, he escrito primero el borrador de la trama contemporánea, en la que los personajes principales pelean por mantener sus vidas en orden mientras trabajan en la historia. Cuando he compuesto una primera revisión de ese borrador, escribo otro borrador independiente relativo al acto de la subnovela con la que los personajes trabajaban. La primera revisión de ese borrador la fragmento e intercalo en la revisión de la trama contemporánea donde corresponda. Desconozco si la versión final de esta novela funcionará, por mucho que yo necesite escribirla, o si podría interesar a mucha gente. Nunca he pretendido ser un empresario competente. Aunque la trama incluya muchos otros aspectos, al lector debería interesarle el proceso creativo, o al menos el trabajar en equipo para lograr un objetivo profesional, como si se tratara de una película deportiva. Así que en parte considero que experimento.

Durante los cursos de escritura a los que acudí entregué fragmentos de las novelas cortas que componen Los reinos de breaLos dominios del emperador búho. Me forzó a enfrentar cómo diferían los gustos de unas pocas docenas de personas. A algunos las motivaciones de mis personajes les resultaban opacas o hasta erróneas, mientras que otros se identificaban. No se puede contentar a todos, y primero pretendo contentarme a mí mismo, pero muchos de los lectores coincidieron en que les gustaba la descripción menos que a mí. Quizá los lectores de Los reinos de brea, si comparten sus impresiones en Amazon o Goodreads, me sorprendan, aunque primero deberán digerir el contenido, que a varios de mis lectores se les ha atragantado. Con respecto a la descripción, he absorbido esa lección. Aunque para esta novela he hecho scouting de los sitios en los que transcurren las escenas, he pasado de describir salvo esos aspectos del escenario involucrados en las acciones de los personajes. Cuando haya acabado la segunda o tercera revisión de esta novela, algo que con suerte pasará a principios del año que viene, consideraré todas las partes que se beneficiarán de detalles específicos sobre el escenario.

También será un reto filtrar el contenido de la subnovela. He descartado enseñarlo tal como aparecía en la novela original, así que hasta cierto punto se trata de una sinopsis que el narrador relata, pero también necesitaré decidir de qué elementos de cada escena podré prescindir, a riesgo de que la novela superior acabase superando con creces las 650 páginas.

Si te apetece, puedes comprar Los reinos de brea mediante los siguientes enlaces:

Amazon.es

Amazon.com

Enlace universal para Kobo, Nook, etc.